Charles Leclerc sufrió una amarga desilusión en el Gran Premio de Mónaco cuando un gravísimo problema en los frenos de su Ferrari lo dejó fuera de carrera en las últimas vueltas. Según el propio pilot
Por Lautaro IezziCharles Leclerc sufrió una amarga desilusión en el Gran Premio de Mónaco cuando un gravísimo problema en los frenos de su Ferrari lo dejó fuera de carrera en las últimas vueltas. Según el propio piloto, solo uno de los cuatro frenos de su monoplaza funcionaba correctamente después de la primera intervención del coche de seguridad. Una falla inaceptable para la Scuderia, sí, pero también una alarmante falta de liderazgo por parte del monegasco, que prefirió hundirse con el barco antes que plantarse ante el muro y exigir un cambio radical. El error no se perdona, la falta de huevos tampoco Mónaco es la joya de la corona de la Fórmula 1, un circuito donde cada centímetro cuenta y la tibieza se paga carísima. Después del primer safety car, el coche de Leclerc se convirtió en una trampa. El propio piloto reveló el quilombo: "Tres de los cuatro frenos no funcionaban" . Una locura para controlar un bólido de casi 1000 caballos. Pero acá es donde se separan los pilotos rápidos de los verdaderos campeones. Mientras Leclerc seguía en pista arrastrando un coche herido de muerte y jugando a la ruleta rusa, Lewis Hamilton leyó el panorama, olió el peligro y tomó la decisión ejecutiva de entrar a boxes a cambiar compuestos y revisar el sistema, viendo que el rendimiento de sus frenos era superior tras el parate. Leclerc vio el espejo, vio lo que hizo el británico, y prefirió la pasividad. El desenlace en la curva Antony Noghès no fue solo una "traición mecánica"; fue la crónica de un choque anunciado por no reaccionar a tiempo. ¿Es Ferrari el enemigo, o Leclerc es su propio verdugo? Esta es la pregunta que se hace todo el mundo en el paddock. Siempre es fácil pegarle al muro de boxes de Maranello —y motivos no faltan—, pero ¿cuándo va a asumir Leclerc el rol de primer piloto? Un tipo con su talento no puede ser un simple pasajero de los errores de su equipo. Si ves que tu herramienta de trabajo te está traicionando y que un zorro viejo como Hamilton para a boxes para asegurar el tiro, no te quedás esperando el milagro en la pista más peligrosa del año. A los campeones se los respeta cuando golpean la mesa. Leclerc, una vez más, demostró que le falta ese instinto de supervivencia y rebeldía que define a los grandes de la historia. La sombra de la sumisión en Maranello La historia reciente de Ferrari está plagada de problemas de fiabilidad, pero también de pilotos que se cansan de ser los muñecos de trapo de los ingenieros. Un fallo en los frenos es de los más graves que existen, pone en riesgo la vida. ¿Qué hacía Charles en pista con un 75% del sistema de frenado comprometido? ¿Esperaba que el auto se arreglara solo por el espíritu de Enzo Ferrari? La pasividad del monegasco asusta. La presión en Ferrari es inmensa, pero si los fierros no aguantan, el piloto tiene que bajarse la visera, putear por la radio y exigir una estrategia alternativa. No se puede aspirar al campeonato mundial con esa mentalidad de aceptar el destino trágico con los brazos cruzados. Mónaco: Un karma que Leclerc se autoimpone Mónaco y Leclerc, una historia de frustración constante. Pero ya basta del cuento del "embrujo" o la "mala suerte" en su casa. Verlo con esa mirada perdida después de cada debacle ya no parte el alma; lo que hace es sembrar dudas sobre su madurez mental para bancar la presión. Perder una montaña de puntos contra la implacable máquina de Red Bull o una resurgente Mercedes por no haber tenido los reflejos de copiar la jugada de Hamilton es un lujo que Ferrari no puede darse. Los fans de la Scuderia están podridos de las promesas rotas, pero también de ver a su piloto estrella ser un actor secundario en su propio drama. Se acabó el tiempo de las excusas y de culpar siempre a los fierros: a veces, el campeonato se gana teniendo el coraje de mandar a boxes a los que están sentados en el muro.